viernes, 6 de mayo de 2016

TIEMPOS QUE CORREN – I

Sili-Nur
Existen infinitos caminos para llevar a cabo nuestra andadura y no
todos se viven conscientemente. También, estamos experimentando
simultáneamente en múltiples procesos de pensamiento. Y cabrá
preguntarse, si dichas experiencias en el multiverso serán también
cuantificables y asumibles totalmente.

En primer lugar, nada es casual. Nada se produce al azar. Todo está
establecido de antemano. La vida física tridimensional, es una pura
recurrencia iconográfica y más bien repetitiva.

En realidad también, esa predestinación es acaso la prueba evidente
de que nuestro acontecer deberá revivirse tantas y tantas veces como sea
necesario para llegar justamente al equilibrio. Lo mismo le sucede al hierro
en la forja, que con golpes se embellece. Detrás de esa acción se halla
nuestro espíritu, quien a su vez marca las secuencias y dictamina su volumen
y vibración.

En la vida diaria se tiende a resaltar todo lo visible y material, en
detrimento, muchas veces, de aquellas circunstancias que repercuten en un
crecimiento espiritual.

Sería interesante considerar si el proceso tridimensional no será una
especie de ilusión en un determinado momento del espacio y del tiempo, y,
en caso afirmativo, ¿dónde radicar la realidad auténtica?

Si analizamos la cuestión, nos daremos cuenta de que nuestra vida y
circunstancias y el hecho de que estemos aquí, no es representativo de
nada. Únicamente un grupo de energías de distinta vibración que observa el
exterior a través de una especie de mente lenticular que se recrea
simulando imágenes en 3D. Aunque si llegásemos a consolidar la completa
negación de nosotros mismos, si llegásemos a comprender que lo que
pensamos que somos o creemos ser, es nada, descubriríamos que podemos
llegar a serlo todo y al mismo tiempo pertenecer al Todo. Y esto es lo
importante.

Ahí se plantea una cuestión evidente y que precisamente es la clave
de todas las incógnitas. Un proceso con el cual conducirnos hacia un estado
de plenitud en un camino infinito hacia el Absoluto. Es indudable que me
refiero al pensamiento trascendental.

Dicho pensamiento es lo verdadero, porque bebe de la fuente del
Absoluto, del Infinito. Del multiverso, de las multidimensiones.
Pensamiento que en el fondo está en todas partes, en todo lugar,
instantánea y simultáneamente. Pensamiento que en realidad nos
transforma, nos libera y nos lleva hacia la autorrealización. Pensamiento que
no es energía, porque si así fuera, estaríamos hablando de materia,
estaríamos hablando de un valor atómico determinado, y ese tipo de
pensamiento está más allá del considerando atómico de la materia. El
espacio tridimensional o físico no deja de ser un lastre. Un peso atómico
determinado, que obliga a una transformación, sí, pero a una
transformación densa y poco sublime.

En el fondo, la gran transformación radica en otros espacios
adimensionales. Porque es allí donde el pensamiento se sublima y
perfecciona.

Existen dos tipos de pensamiento: el objetivo y el subjetivo. El
primero, viene dado por la razón absoluta, por la coherencia, por la
inspiración, por la intuición, por la creatividad. El segundo, nos viene dado
por el ego en su experiencia tridimensional, por la recurrencia, por la
repetición. Y en esa ágora constante en la que fluctúan ambos
pensamientos, se establece un punto de unión en el que prevalece siempre
la razón objetiva y absoluta.

Añadir, que debido a la colaboración egoica de ese pensamiento
subjetivo, repetitivo y constante, llegamos a clarificar nuestro horizonte
mental. Que esto significa transmutación del ego, despertar consciencia.
Os contaré una historia que ocurrió en mi planeta.

En cierta ocasión, estábamos todos unidos bajo el común
denominador del Amor y nos preguntábamos si acaso en el Universo
existiría otra fuerza distinta al Amor. Y en ese momento ocurrió algo muy
importante, y fue que nuestros espíritus vibraron en armonía
conduciéndose en una sola alma hacia el infinito. Allí pudo comprobarse que
el Absoluto no es únicamente una fuerza preponderante y magnífica, sino
que además incluye la pobreza de espíritu. El mal, tal y como lo conocéis en
vuestras culturas.

Este hecho nos sobrecogió, porque creíamos que el Absoluto era pura
perfección, sin mácula alguna de deterioro o de imperfección. Y pudo
observarse plenamente cómo, dentro de Él, se movían aquellas energías que
posibilitan el hecho cierto de la imperfección. Así, si de las tinieblas aparece
la luz, si la luz es tinieblas y las tinieblas es luz, el planteamiento que
podamos tener del Absoluto, Dios, El Omnipresente, el Padre, El Uno, es el
de perfecto.

Totalmente perfecto por el solo hecho de que no está sujeto a la ley
de causa y efecto, de la dualidad. Esto no significa que no contenga en sí
mismo e intrínsecamente el bien y el mal. Porque Él es el Creador. Él es el
Absoluto. Él es quien define y divide en su momento, creando la
multidimensionalidad infinita. Y es cuando se experimenta o se manifiesta la
luz o las tinieblas.

Y para terminar, deciros que cuidéis de vuestros pensamientos.
Porque el pensamiento es lo más importante que tenemos.

Con Amor. Sili-Nur

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