lunes, 8 de agosto de 2016

EL AMOR Y LA UNIDAD DE PENSAMIENTO

EL AMOR ES UNIDAD, LA UNIDAD SOMOS TODOS...

En el Amor está la razón y el significado de todas las cosas.
Shilcars

La unidad de pensamiento se basa en nuestro sentimiento de
unidad con todo y con todos, una percepción iluminadora de acceso 
a nuestra realidad más profunda. Pues el universo, en su aparente
variedad y diversidad, procede y se sustenta en la unidad del Absoluto.

El amor, al mismo tiempo, es la comprobación de esta unidad, su
realización plena y completa. El pensamiento de unidad es, por tanto, 
el sentimiento de amor universal, cósmico, crístico, que nos permite
comprender y comprendernos, aceptar y aceptarnos.

Esta realidad auténtica, a la que aspiramos todos, ha sido
enunciada y explicada muchas veces por nuestros hermanos 
del cosmos, sobre todo por Shilcars, y era preciso realizar una 
recopilación de sus exposiciones sobre este tema.

En nuestro grupo tenemos consciencia de la importancia de la
unidad, de la unificación de pensamientos mediante el trabajo 
en común, colaborativo y hermanado.

Pero también sabemos que la dispersión nos hace eludir y
distanciarnos de esta unidad, exigida a veces a los demás 
y dejada de sentir otras veces por nosotros.

Se nos ha dicho muchas veces que la unidad en el amor crístico 
es el componente y requisito para el salto cuántico. Y confiamos 
en alcanzarla en nosotros mismos, primero, y en el grupo 
hermanado, a continuación.

Deberíamos cuestionarnos, ante todo, lo que cada uno puede
aportar a esa conciencia de unidad, desde sí mismo, y darlo 
sin esperar nada a cambio.

De esta forma se propagará en nosotros y en nuestro medio
holográfico la unidad que nos constituye, de la que procedemos 
y hacia la que tendemos a volver a religarnos.

Estamos buscando Amor, y en esa búsqueda hallamos Amor, y lo
hallamos en cualquier parte. En vosotros, en nosotros, en todo el
Universo. Porque Amor además es Vibración, y Vibración es Energía.
Energía que no puede medirse porque es inmedible, pero que gracias 
a Ella vamos alcanzando grados superiores de Consciencia.

Amor, que en pocas palabras significa crecimiento personal.
Crecimiento interior a través de la autoobservación, a través de uno
mismo. En consecuencia, consigo mismo, a través de su propio espejo. 
Y esto quiere decir, además, que el amor lo circunscribiremos en un
apartado sublime, en la trascendencia de nuestro pensamiento.

El amor no es otra cosa que el fluir desde un espacio adimensional
hacia nuestro espacio, el físico, por lo que la lectura de dicha palabra
significa únicamente unidad. Y, a través de esa unidad, el amor se va 
a diversificar hasta el infinito para llegar nuevamente a la unidad, al
absoluto.

Así debemos entender el amor, y así debemos aplicarlo en nuestro
pensamiento. Pero en nuestro pensamiento trascendental. Y esto quiere
decir, además, que esa parte intelectual nos servirá únicamente de
referencia para intuir el amor. Porque el amor no puede entenderse. El
amor es, en un único y absoluto movimiento tetradimensional.

Así, Amor es Conciencia; Conciencia es Amor. Amor es amar. Y
amar es respetar. Y el respeto está en comprender que todos y cada 
uno de nosotros, en nuestras distintas posiciones psicológicas, 
estamos afianzando ese Amor Absoluto.

Cuando hablamos de amor nos estamos refiriendo a todo, no solo
al amor que todos conocemos como muestra de cariño o de respeto, sino
cuando el amor se circunscribe a todo un espacio completo. Esto indica
también que nuestro amor deberá ser correspondido por nosotros
mismos a través de una comprensión infinita. Y ello únicamente es
posible hacerlo a través de un pensamiento puesto en la objetividad de
un mundo adimensional, en el que hallamos las claves que nos van a
permitir un mundo participativo de unidad y confraternidad.

El amor es la puerta que nos va a llevar a la comprensión, porque
comprensión es amor, es entender que formamos parte de un mundo
global, que somos el propio absoluto diversificado infinitamente. Nuestro
planteamiento será siempre global, y nuestro pensamiento deberá ir
dirigido desde nuestro interior hacia el exterior, y las circunstancias se
podrán modificar precisamente por eso, porque estaremos navegando
en un mundo absoluto.

El amor es la puerta que nos va a abrir a un mundo infinito de
percepciones.

El amor cuando lo circunscribimos a un plano tridimensional, es un
amor conflictivo. Y ahí caben muchas réplicas del mismo amor, pero
siempre serán réplicas subjetivas, y más o menos endulzadas por un
pensamiento amoroso, pero completamente subjetivo.

Estamos hablando pues de inspiración, de percepción, de intuición,
y un pensamiento de este tipo solo se produce a través del amor. Lo
comprenderemos fácilmente cuando consigamos hacer ese traspaso
adimensional, entonces se comprende todo.

Únicamente es posible este traspaso a través del amor. El amor es
más que un sentimiento, es equilibrio completo entre nuestro cuerpo 
y nuestro espíritu, de nuestro pensamiento, y en ese equilibrio 
avanzamos hacia un mundo de perfección.

Con el amor entramos directamente por la puerta principal de
nuestra más íntima concepción adeneística, porque en el fondo el mundo
de las percepciones se crea entre los pliegues mismos del desarrollo
nucleico, es una extrapolación mental en la que nuestro cuerpo se ve
envuelto de energía amorosa, de felicidad, de tranquilidad, de equilibrio,
de humildad, de paciencia… De saberse único en este mundo
tridimensional, pero compuesto de todos nosotros, de todo lo que nos
rodea, y en ese mismo momento nos imbuimos de amor.

Por lo tanto, estamos hablando de un amor absoluto, de un amor
total, en el que la mente humana se doblega ante la voluntad imperiosa
del infinito, y accede abrir esa puerta misteriosa de la percepción.

Y allí encontramos ese punto en el que nos es posible observar,
como si de una gran ventana abierta en el infinito se tratase, y
pudiésemos ver directamente el desenvolvimiento del mundo
tridimensional en el espacio-tiempo, y desde ahí establecer unas
coordenadas de comportamiento, y conocer lo que hemos de conocer,
en función de nuestro grado vibracional. Y, en ese punto, amamos.

El amor es la corresponsabilidad con el absoluto. Y dicha
correspondencia se establece en un mundo de equilibrio y armonía. Es
muy sencillo, se trata de hallar ese estado que nos permite la armonía y
equilibrio, el estado de tranquilidad y paz, y en ese momento es muy fácil
trascender este espacio tridimensional y situarnos en una órbita en la
que es posible configurar de nuevo nuestros planteamientos vivenciales,
modificarlos si es preciso, y enriquecerlos si lo creemos oportuno, que
esto significa utilizar debidamente nuestro libre albedrío.

Esperamos que la lectura de esta recopilación de pensamientos 
de unidad y de amor, con su cálida vibración, tomados del libro:

EL AMOR Y LA UNIDAD DE PENSAMIENTO


Contribuya de algún modo a la unidad de todos.








sábado, 6 de agosto de 2016

CON PACIENTE HUMILDAD, SE DESCUBRE EL MUNDO QUE NOS RODEA, VISIBLE E INVISIBLE



         Queridos amigos, hermanos, buenas tardes os desea Shilcars del planeta Agguniom.
Sí, el miedo nos atenaza siempre procurando que las ovejas se mantengan unidas, atadas, prisioneras en el redil.
Es una composición práctica de cómo evitar la propagación de la creatividad; manteniendo al rebaño unido bajo la presión de unas barreras psicológicas y mentales, la humanidad se establece en la sumisión. 
Es una forma también para que el medio controle la situación, la tropa no se desmande y tome iniciativas que pueden terminar eliminando al propio medio controlador.
Aunque el controlador no se elige, se autoelige, creyendo que su pensamiento, sus ideas, son las mejores para aplicar a todo un colectivo, por lo que se ve, pendiente de la señal autoritaria del líder. Cuando en realidad, y aunque el propio líder se autoelija, en definitiva es la propia masa, el rebaño, que se deja conducir.
¿Por comodidad? ¿Por miedo? Pues verdaderamente por comodidad y por miedo, las dos cosas tienen o pueden conjugarse en esta especial conformación.
¿Miedo tiene la masa, el rebaño? Claro, efectivamente, todos los aquí presentes tenéis miedo. Y precisamente por tenerlo os dejáis llevar y conducir hacia unos pastos que en realidad no os corresponden.
Verdaderamente el miedo nace en vosotros muchas veces, muchísimas. El miedo nace en vosotros cuando insospechadamente descubrís que existe, más allá, un mundo nuevo. Un universo que se contempla al igual que puede contemplarse aquí y ahora el vuestro. Ahí nace ese miedo.
Y cual infantes corréis desesperadamente a abrazar a vuestro tutor, a vuestro guía, a vuestro líder, para que os proteja, os dé cobijo y conformidad. Así el miedo conforma vuestras personas y circunstancias.
Reflexionad sobre ello, os daréis cuenta, observaréis perfectamente que el miedo nace cuando se descubre lo desconocido o al menos se intuye que existe. Y precisamente porque lo descubrís cerráis de súbito vuestra verdadera vocación, dais la espalda a vuestra mente, a su proyección trascendental y, como digo, os refugiáis en los brazos de vuestro tutor, cuidador, guía, líder, jefe de la manada... Así, en definitiva la masa, el rebaño, dócil y obediente, se tranquiliza.
Aunque no todos los líderes, no todos los jefes de la manada, tienen las mismas intenciones. Afortunadamente o desgraciadamente muchos de ellos lo son, se erigen, para trasquilaros. Otros para que les sirváis de elementos energéticos para su propia satisfacción egoica. Muchos de ellos se valen para explotar a esa masa sumisa.
¿Y por qué lo hacen? Lo hacen precisamente por vuestro miedo a descubriros. Verdaderamente la razón de tantos cientos de miles de años de sumisión, de cobardía, de miedo a conocer la verdad, se debe precisamente a que voluntariamente renunciáis a dicha verdad o realidad y os conformáis con el día a día, con la rutina, con el conocimiento intelectual, incluso profundo, pero del todo superficial, por lo tanto de tercera dimensión.
Este conocimiento que no va a ninguna parte, cuando os predisponéis al traspaso, porque este conocimiento, aun y todo perfectamente delimitado, se pierde. Y se pierde precisamente porque el conocimiento   no se asimila acumulándolo, sino sublimándolo.
Podremos hablar largo y tendido de la sublimación de energías. De la transmutación, del plomo de vuestra personalidad por el oro del espíritu. Pero ¿de qué serviría aquí y ahora hablaros de ello, si en cuanto lleguéis a vuestros hogares os vais a olvidar prácticamente de su totalidad, de una buena parte del mensaje, y vais a continuar con vuestra rutinaria existencia? Y lo vais a hacer indudablemente porque tenéis miedo a enfrentaros a vuestra propia realidad, tenéis miedo a descubrir la verdad.
Y entonces, aquí y ahora, Shilcars y todos los hermanos de la Confederación unidos, serían incapaces de arrancaros un solo gramo para transmutar, de vuestra pesadez, de vuestro plomo de la personalidad.
Aunque la Confederación tiene mucha paciencia, esta es una virtud que hemos alcanzado, mayormente por la humildad. La humildad nos ha hecho pacientes, y al igual que la gota de agua es capaz de horadar una gran roca -con el tiempo, con paciencia-, lo mismo, la actitud y accionar de los hermanos de la Confederación, de los que me honro en pertenecer, vamos depositando pequeñas gotas de conocimiento.
Pero somos constantes, somos pacientes y no os mandamos un chorro a presión para ir más rápidos, porque de nada serviría agujerear vuestra personalidad plomiza, porque en el fondo nada descubriríamos. No serviría para nada ir más aprisa de lo convenido. En cambio, lentamente, pacientemente, a lo largo de cientos de miles de años, vamos refrescando vuestra memoria.
¡Cuántas y cuántas veces nos hemos reunido aquí, en este tiempo, en este espacio simultáneo o en mundos paralelos! ¡Cuántas y cuántas veces nos reunimos semanas, meses y años en otro tiempo!
¿Para qué? Pues precisamente para lograr pequeñas huellas en este plomo vuestro de la personalidad, pequeñas muescas que quedan impregnadas en vuestra consciencia. Y quedan no por nuestra presión, sino por vuestro esfuerzo en comprender. Y al hacerlo transmutáis. Y en esa alquimia maravillosa y mágica vuestra consciencia va despertando lentamente.      
No obstante, el miedo continúa en vuestros cuerpos. Y por qué no la comodidad. El medio os dota, afortunadamente y por ahora, de una cierta comodidad, y no la queréis perder. Nadie de vosotros se atreve a dar el paso, a dar este salto al vacío.
Y el medio se frota las manos y dice para sus adentros: “Qué bien, continuemos así, esto funciona, nuevas remesas de esclavos en el rebaño para nutrirnos. Está muy bien que esta masa desconozca las claves de su liberación. Pobres de nosotros con que se llegase a descubrir la verdadera realidad de todo ello.”
Así que abona el medio dicha situación. Y el propio personaje, todos vosotros decís: “Sí, amo, de acuerdo, tú me das alimento y cobijo. Y yo con esto tengo suficiente. ¿Para qué me voy a complicar la vida yendo a descubrir algo que intuyo que pueda existir pero en realidad me da miedo descubrirlo? Miedo al qué dirán, miedo a equivocarme, miedo a que me equivoquen, miedo a perder mis posesiones, mi fortuna, mis privilegios”. Y así todos contentos. Pero ¡ah! amigos, hermanos, esto se acaba, el medio sabe que se acaba.
Y se anticipan a todo porque desde su posición privilegiada, por su doble condición de magos y guerreros, descubren a través del no tiempo, qué situaciones se preparan aquí en este mundo. Y esta vez se dan cuenta de que va en serio, de que el teatro está en su última etapa.
Descubren que ya pronto va a despertar esa masa, ese rebaño. Se dan cuenta que existen grandes inquietudes por el autodescubrimiento. Intuyen que esto es imparable y aplican todo su saber y su magia para contrarrestar los efectos de este despertar. Aunque saben que esto es un imposible, que lograrán retrasarlo un cierto tiempo, pero que en verdad el tiempo se acaba y ya pronto se van a abrir de par en par las puertas de la realidad de los mundos.
Y nosotros aquí tan tranquilos, esperando la comida, esperando el cobijo, confiando en que el queso lo hallemos siempre en el mismo sitio. Y así nos va, y así nos funciona hasta que se acaba.
Y por otro lado se canalizan todas las inquietudes de los más despiertos de esa masa en trabajos que sirvan para distraerlos. Así a los pequeños o grandes despuntes intelectuales y científicos, se les distrae con la gran golosina del conocimiento.
Y sí, muchos de vosotros seréis capaces de aportar grandes trabajos literarios, estudios científicos inmensos en su volumen y en su calidad, que realmente lo serán, ahí no queda ninguna duda. Pero vosotros, los intelectuales, vosotros los que disponéis de conocimiento, ¿no será también miedo, ese miedo al que me he referido para que hayáis escogido este proceso para escapar realmente de la verdad, por miedo al autodescubrimiento? ¿Es que acaso el autodescubrimiento os va a pedir una renuncia de todo lo que sabéis? ¿Eso es lo que pensáis?
Pues sí, ciertamente es así. El autodescubrimiento, cuando se sigue y se experimenta y se profundiza en él, con todo el amor del mundo, lo primero que pide es odres vacíos. Claro, ahí está el miedo escondido, ahí está el miedo a perder vuestras prebendas, a perder este conocimiento ilustrado, de mentes que han preferido gastar su energía en un proceso del sabelotodo, a un proceso de paciente humildad.
Porque el proceso del autodescubrimiento es la renuncia a las prebendas. Renuncia a la intelectualidad por sí misma, y un anhelo profundo, con humildad, con paciente humildad, para descubrir el mundo que nos rodea, visible e invisible.
Y el mundo que nos rodea, el mundo visible e invisible, visible por esos mundos paralelos infinitos, e invisible a nuestros ojos físicos 3D, únicamente se alcanza con la humildad, la paciencia y el anhelo ferviente de servir a los demás, sin esperar nada a cambio.
¡Ah, qué difícil es llegar a este punto, qué difícil renuncia, da miedo pensar en ello! Efectivamente, ahí entra en juego el ego de la personalidad, y todos los aquí presentes estamos, en este caso estáis en este proceso. Estáis autodescubriéndoos y al mismo tiempo generando buenas dosis energéticas de miedo.
Y así, amigos, hermanos, no vamos a ir a ninguna parte, porque entraremos en una rutina, en una constante rutina y la ley de entropía nos aplastará. Sí, efectivamente, nos anulará como seres humanos en el camino del autodescubrimiento.
Por eso, con paciente humildad, vamos gota a gota introduciendo en vuestro pensamiento esas palabras, esas ideas para que por vosotros mismos las reflexionéis, las maduréis y en el mejor de los casos transmutéis. Porque si no lo hacéis vosotros aquí nadie, ni el más poderoso, podrá cambiar la voluntad de vuestras personas.
Porque vuestras personas, desde nuestro punto de vista, son verdaderamente inatacables, son sumamente respetables, porque lo más importante que tiene el ser humano atlante es la libertad. Y la libertad la anularíamos en vosotros insuflándoos el conocimiento, dándoos alegremente, sin esfuerzo por vuestra parte, sin un convencimiento puro, cualquier iniciativa que os permitiera la liberación, a nivel técnico, mecánico o de salud.
Por eso intentamos, por todos los medios, que por vosotros mismos decidáis lo que queréis hacer. Por eso insistimos tanto y tanto, tantos años, cientos de miles de años insistiendo en que debéis transformaros.


En este paréntesis, en este mundo 3D estáis para ello, para transformaros, para perfeccionar el pensamiento, para amaros y con ello la liberación. En espera siempre de conscientemente abrazarnos, en cualquier espacio, en cualquier mundo. Libremente y conscientemente, no como ahora que únicamente podemos hacerlo a través de vuestras bellas y amadas réplicas. 

Amor, Shilcars.

http://tseyor.org/

PREGUNTARSE EL POR QUÉ ESTOY AQUI, DE DONDE VENGO, Y A DÓNDE VOY

Cuando uno es joven, en vuestro planeta me refiero, piensa en cosas intrascendentes la mayoría de las veces. Es la inmensa alegría de la vida, el disfrute de los sentidos, y es lógico.
Cuando uno va madurando se pregunta el porqué no puede vivir con mayor holgura, más comodidad y, por qué no, más poder de todo tipo.
Luego vienen los hijos. Estos van creciendo y en el individuo su máximo objetivo o prioridad es el mantenimiento y el bienestar de su familia. Y esto es muy lógico y natural, y así debe ser.
Cuando ya sus hijos se han hecho mayores, empieza a pensar un poco más profundamente sobre el porqué de su existencia. Tiene, en la mayoría de casos, una oportunidad de reflexionar sobre el contenido de su existencia.
Pero luego llegan invariablemente los nietos, y estos descubren un nuevo mundo familiar al que entregarse de todo corazón, y esto es lógico también, y muy encomiable, y muy necesario: empezar a transmitir a los nietos esa impronta, esa personalidad, esa experiencia de los años transcurridos.
Y luego cuando esos nietos han hecho su proceso, porque a su vez sus padres lo han hecho también, el ser humano, el hombre ya en su vejez, espera pacientemente una respuesta que cree sin duda alguna ha de llegarle de algún sitio. Aunque afortunadamente o desgraciadamente no llega a veces puntualmente.
Su cuerpo ha envejecido. Tal vez su parte externa aparezca perfectamente, con una buena presencia y un buen estado de salud, pero en su interior, si no ha trabajado convenientemente no estará de la misma forma.
Porque su interior y su exterior, y su universalidad, destaca muy especialmente en el origen y la conformación de sus cromosomas y sistema adeneístico, y este, sin duda alguna, se mantendrá exactamente igual que desde el principio si no ha procurado la transmutación. Transmutación en la que no vamos a extendernos hoy, precisamente porque la hablamos en días anteriores, especialmente el día pasado.
Y así ese viejecito o viejecita que ha cumplido su misión, aquí en este espacio tridimensional, que ha dado sus frutos sobradamente, se encuentra en un callejón sin salida. Y digo sin salida porque afortunadamente o desgraciadamente también no ha sabido maniobrar correctamente la nave de su existencia y se encuentra, como digo, en un estado de decrepitud. Que tal vez no lo estará físicamente, externamente, pero sí adeneísticamente hablando.
Entonces, aquí ya puede ser motivo de reflexión el preguntarnos sinceramente, cada uno en nuestro interior, cuál era el momento durante la existencia en el que debíamos trabajar, a nivel espiritual, para llegar a transmutar, para llegar a evolucionar realmente de pensamiento.
Para, contrariamente a lo actual, no hallarnos en ese estado tan simple, porque el estado simple no significa otra cosa que un estado regular y por lo tanto normal, y preguntarnos el porqué nuestro pensamiento sigue exactamente igual después de toda una larga vida, para los que han alcanzado la longevidad, y acaso preguntarse el por qué estoy aquí, de dónde vengo y a dónde voy.
Ahí quedan esas preguntas a formularse cada uno de nosotros, en nuestro interior más profundo. Y digo dónde, nos preguntaremos, he fallado, cuál ha sido el motivo del porqué me he distraído en ese objetivo prioritario por el cual he aterrizado en este mundo tridimensional, en el aquí y ahora para transmutar, y no lo he hecho.
Amigos, jóvenes, no tan jóvenes y adultos, pensad que llegará un momento en que vuestras mentes deberán enfrentarse directamente con la realidad. Y cada uno deberá reflexionar sobre su posicionamiento real y psicológico, y no esperéis halagos, ni prebendas, ni felicitaciones, nadie os las dará. Nadie excepto vosotros mismos en la intimidad.
Pero ¡ay!, ¡ay! de aquellos que en su interior más profundo reconozcan que en realidad han perdido el tiempo divagando, filosofando, entregándose a los placeres de la vida como cosa muy natural y gratificante, y en esto nada que objetar, pero ¡ay! de aquellos que en su intimidad tengan que reflexionar sobre sus acontecimientos pasados, y deban reconocer que han perdido el tiempo miserablemente. Entonces cada uno se aplicará la lección y tal vez así, de esa forma, puedan emprender de nuevo un nuevo vuelo tridimensional.
Aunque mejor es recapacitar ahora. Ahora cuando tenemos tiempo suficiente y capacidad suficiente para hacerlo. No luego, cuando únicamente debamos reflexionar sobre nuestros pasos pasados.
Ahora, jóvenes, no tan jóvenes, y adultos, podéis hacer un pequeño esfuerzo. Y ese pequeño esfuerzo se verá recompensado por todos vosotros en ayuda al mismo. No perdáis el tiempo, ayudad a la familia, bendecidla, que prospere, que tenga lo mejor, pero no os olvidéis de vosotros mismos en ningún momento. Porque vosotros mismos sois la familia.
Shilcars