miércoles, 6 de julio de 2016

LAS DIFERENCIAS NOS ENRIQUECEN



“Amemos profundamente y comprendamos, de una vez por todas, 
que las diferencias nos enriquecen, y que la uniformidad que 
algunos propugnan, es una forma de atadura mental o psicológica.”

Shilcars.
Queridos amigos, hermanos, atlantes todos, un saludo desde mi planeta, Agguniom,
buenas tardes noches. Todos queremos más, todos esperamos recibir aquello que 
forma parte de nuestro secreto más profundo, el oscuro objeto del deseo. Además, 
todos querríamos que fuésemos iguales, mejor dicho, que los que son distintos 
fuesen iguales a nosotros.

Parece que al ego, nuestro pensamiento, le estorban los distintos seres o planteamientos 
psicológicos de los demás, cuando estos no se ajustan a sus patrones. Cuando realmente 
la riqueza, tanto en el lenguaje, como en la convivencia, como en el desarrollo evolutivo de 
las sociedades, se estructura muy claramente en la unidad primero de pensamiento, y en la 
diversidad del mismo.

Cada uno según su forma de ser y actuar, aporta al conjunto una parte de sí mismo. Y la 
suma de todas las partes enriquece al propio conjunto que, por lo tanto, se retroalimenta 
favoreciendo así el desarrollo mental, psicológico, de los individuos, de las sociedades. 

Y aquí, en vuestro planeta Tierra, lo podéis ver muy claramente, aun y todo a pesar de las 
grandes dificultades por las que atraviesa el mismo. No me negaréis que hay diversidad de 
pensamientos, de filosofías, de formas de accionar, y ello produce un enriquecimiento social, 
siempre y cuando se respeten dichas formas de pensar y de accionar. 

Cada religión cumple su objetivo, y no todas van a basarse en los mismos planteamientos. 
Aunque la raíz de toda religión, que es el religare íntimo, espiritual, se basa en lo mismo: 
en la búsqueda del religare espiritual, en la raíz del propio ser humano en su más íntima 
soledad. Que esto no significa otra cosa que su relación más íntima proyectada hacia esa 
parte que conforma el estado de iluminación. 

Así, comprendiendo que todos y cada uno de nosotros somos distintos, y por eso 
enriquecemos al conjunto, también habremos de suponer que en esas distintas 
diferencias puede haber grandes diferencias. 

Y puede haber aquellos seres humanos que dispongan de grandes medios, incluso de 
un cuerpo más o menos perfecto, saludable, y otros seres humanos que vivan en la 
precariedad más absoluta, incluso también en cuerpos enfermos, tullidos, o 
mentalmente con cierto desequilibrio. Pero eso no significa otra cosa que la diversidad. 

Mas el conjunto de esta sociedad tan diversa, y dispersa, es la que marca el patrocinio 
del avance. Y el avance únicamente se consigue cuando la sociedad en pleno 
comprende las distintas diferencias de su propia sociedad. Y las apoya. Y las ama. 
Si no es así, se produce una disfunción. 

Evidentemente que un planteamiento de rechazo obedece única y exclusivamente 
al desconocimiento, a la ignorancia, nunca a la maldad. Porque el ser humano 
no es en absoluto fruto de la maldad, sino del amor. 

Pero a veces el propio amor se dispersa de tal manera que favorece la ignorancia 
y, tratando de establecer el debido equilibrio, proporciona la oscuridad. Y en esa 
oscuridad, a veces, y muchas veces aun con el más noble sentimiento del que 
partimos, producimos el error. 

Así, habremos de ver a todos los elementos vivos de este mundo como seres 
que tienen derecho a vivir en paz. 

A los más débiles, les habremos de ayudar. A los animales, nuestras mascotas, 
habremos de amarles verdaderamente, entregándoles todo nuestro amor porque 
ellos igualmente lo hacen, y sin esperar nada a cambio muchas de las veces. 

Al resto de la flora y la fauna, respetémoslo, porque también es parte de nosotros mismos. 

Amemos profundamente y comprendamos, de una vez por todas, que las diferencias 
nos enriquecen, y que la uniformidad que algunos propugnan, es una forma de 
atadura mental o psicológica. 

No podemos pretender unificar y que todo el mundo sea igual, cuando desde un principio 
las diferencias son de vibración. Y nadie tiene la misma vibración. Por lo tanto nadie 
puede pensar en imponer la uniformidad, sino al contrario: promover la diversidad 
y el enriquecimiento espiritual de las personas a través de sí mismas. 

A todos mi bendición.

Amor, Shilcars.    


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