sábado, 22 de septiembre de 2012

LA TRANSMUTACIÓN A NIVEL GLOBAL 

Ya no podemos hablar ni contemplar el trabajo de transmutación al que vuestras personas se ven imbuidas, de una forma individual, sino que también debemos contemplarlo a un nivel global.
Y es necesario pues, y conveniente, que recordemos que el trabajo de transmutación, la sublimación de nuestras energías egoicas, como paso previo a la iluminación y al enriquecimiento espiritual, acaece en periodos de oscurantismo.
Lógicamente, la transmutación se produce precisamente por el oscurantismo, por la dualidad, por el hecho de querer avanzar. Es un deseo este, innato en el ser humano en todos los estadios del pensamiento: querer avanzar hacia la comprensión. Y en esa necesidad y deseo, intrínsecamente está puesta toda esperanza.
Mas, no olvidemos que el deseo de transmutar, para a su vez alquímicamente conquistar un estadio nuevo de conocimiento, es hoy día erróneo.

Podíamos hablar en el pasado de la alquimia, del trabajo esotérico, para la consecución de unos determinados parabienes. Para fortalecerse en el conocimiento esotérico y así relativizar una existencia tridimensional. Todo ello era interesante y, a veces, también surtía sus efectos beneficiosos a nivel espiritual.
Mas, como todo en este mundo dual, se degenera. Y de hecho degeneró. Y lo que en un principio fue una sublime intencionalidad positiva, de cara a comprender los resortes de una manifestación, invisible pero que de hecho podía contrastarse a través, como he dicho, de la alquimia, y ello podía fortalecer ese vínculo con la propia espiritualidad, el hecho mismo de la degeneración en manos de una voraz entropía, hizo que esos buenos deseos terminaran en burdos deseos egoicos.
Por lo tanto, nada vamos a querer ni desear porque la experiencia nos ha demostrado, en este caso a vosotros, en vuestro propio planeta y a través de la historia, que el conocimiento esotérico en manos de unos privilegiados seres, muy inteligentes y capaces, ha sido un fracaso. Y es evidente por cuanto ha desembocado en un gran desequilibrio. Un desequilibrio social, económico. Y por demás injusto.
Aunque a estas alturas no debemos olvidarnos, ni desechar en ningún momento, el espíritu de la transmutación, la alquimia necesaria para fortalecernos espiritualmente. Pero debemos contemplarlo desde un punto de vista global. Por lo tanto, abandonaremos la idea personal, individual o de élite, o de grupo.

Y abrirnos a todo el planeta, a todo el universo, en ese deseo, aunque deseo sea. Que al final puede convertirse en anhelo y en una pura experimentación. Deseando como es lógico la transmutación a nivel global. Una transmutación para todos, sin excluir a nadie.
Y ahí sí que en ese deseo innato de toda la humanidad por alcanzar ese nuevo hito, ese deseo innato del mago humano puesto en un componente grupal y global al mismo tiempo, puede dar sus resultados y obtener buenos beneficios espirituales.
Y ahí sí que la alquimia va a funcionar. Porque estará funcionando en base, como digo, a un deseo: a un noble deseo humano de apartarse definitivamente de todo el oscurantismo que le envuelve.
Para eso es necesario que nos conscienciemos todos. Para eso es necesario que todos arrimemos el hombro, y cada uno aporte al conjunto lo poco o mucho que pueda aportar en su saber y en su disponibilidad. Pero de hecho, si lo hace de buena voluntad, si lo hace queriendo, amando y deseando aportar su granito de arena, este mismo individuo va a recibir a cambio todo el impulso amoroso de una gran humanidad. Por lo tanto lo va a recibir todo, y apenas va a entregar un granito de arena. Y así está establecido.
Cada uno aportará lo que pueda y lo que sepa. Pero lo poco o mucho que sepa o que pueda, lo entregará con amor. Y, a cambio, va a recibir el amor de todo y de todos. Y ahí está la transmutación, y ahí está la regla universal del Cristo.

En este punto, amigos, hermanos, cabe esperar que todos corresponderéis a esa llamada, aportando cada uno lo que sepa y pueda. Y además y sobretodo, que quiera aportar, porque en este punto nadie obliga, ni nadie debe sentirse obligado.
Aunque como en otra ocasión ya he dicho, es un privilegio el poder dar. No es un privilegio el recibir, porque nadie en realidad necesita nada. Y sí en cambio cada uno de nosotros necesitamos poder dar. Y cuando uno entiende esa máxima, está en el camino correcto y en la línea correcta. Y en la vía adecuada para tomar el tren que ha de llevarle a buen fin.
Por lo tanto hoy, como he citado anteriormente, poco vamos a aportar al conocimiento general. Pero, si entresacáis la síntesis del mensaje, os daréis cuenta, os podréis dar cuenta, de que el mismo es muy enriquecedor. Y precisamente lo es porque dice muy poco pero, abre la mente de todos vosotros al poder considerar, dentro de ese poco, a un gran universo de conocimiento.
Tal vez, la cuestión radica en esto. En obtener el máximo rendimiento de lo más pequeño, de lo más ínfimo. Todo tiene su riqueza y, en lo más pequeño, está la mayor riqueza. Esto es incuestionable.
Cuando vuestras mentes extrapolan su pensamiento y se desenvuelven por esos universos paralelos, grandes universos en los que navegar conscientemente y disfrutar de sus bellos paisajes y de la compañía de todos los seres que en ellos habitan, no es más que el paseo cósmico a través de la macropartícula. Por lo tanto, en lo más pequeño está la gran riqueza y el gran contenido.

Así, si nuestras mentes se limitan a empequeñecerse, lo que significará empequeñecerse en humildad, irán reconociendo cada vez espacios mucho más amplios de conocimiento. Y, al contrario, si cada vez crecen en esa ansia por obtener conocimiento y abarcan cada vez facetas y aspectos más amplios, cada vez el conocimiento se irá diluyendo y empobreciendo.

Así, amigos, hermanos, esta noche deciros que en realidad el camino que hemos tomado, esa vía de tren en la que unos vagones van siguiendo su camino, y van parando en determinadas estaciones recogiendo a unos transeúntes, y dejando a otros porque habrán creído que han llegado a su destino, ese tren, cada vez irá avanzando. Avanzando en línea recta, en líneas paralelas pero, cada vez se irá empequeñeciendo.

Cada vez en él cabrá más gente, pero el tren será cada vez menor, porque la gente cada vez será menor porque se empequeñecerá a través de la humildad que habrá reconocido en el camino.
Y, cuando ese tren llegue a su punto final, será un punto, será una partícula. Mejor dicho, será la macropartícula que englobará a todos los transeúntes. Y en ese punto la micropartícula recibirá el impacto final a través del rayo sincronizador. Y esto será así porque es así. Porque así está diseñado. Porque así ha sucedido.
Y debéis ser conscientes de que llegará un momento en que vuestro pensamiento os hará ver que el trayecto ha terminado. Y únicamente lo vais a conseguir empequeñeciendo vuestro pensamiento en la humildad. Porque donde tenéis que ir, que es hacia todo el universo, pocas alforjas se necesitan. Muy poco peso. No se necesita absolutamente nada, todo sobra. Y en ese pensamiento de humildad radica la gran riqueza espiritual.

Por eso hoy me queda decir que el mensaje ha sido muy pequeño, minúsculo. Pero que investiguéis en él porque tal vez en él encontraréis una razón: la razón de la humildad.